Europa
Europa prepara sanciones contra Bielorrusia por desatar una crisis humanitaria en la frontera con Polonia
El presidente Alexander Lukashenko consintió que cientos de refugiados de las guerras de Siria, Irak y Yemen se acercaran a frontera con Polonia.

 Alexander Lukashenko demostró que está dispuesto a desencadenar una crisis humanitaria en la frontera entre Bielorrusia y Polonia para forzar a la Unión Europea a negociar. El presidente bielorruso busca que Bruselas levante las sanciones contra su régimen por la represión postelectoral de 2020. Pero esta "guerra híbrida" puede costarle aún más caro a Lukashenko, sobre todo porque Rusia desmintió a su aliado y garantizó la provisión de gas al continente.

Putin ordena abastecer de gas a Europa en medio de la crisis energética

El mandatario de Bielorrusia está hoy más aislado de lo que se encontraba a comienzos de esta semana, cuando consintió que cientos de refugiados procedentes de las guerras de Siria, Irak y Yemen se acercaran a los puestos fronterizos que comparte con Polonia para traspasarlos. Varsovia denunció la maniobra de Lukashenko, mientras la crisis se agravaba en la frontera y los militares polacos seguían expulsando migrantes a diario.

Polonia amenaza ahora con cerrar otros pasos fronterizos para contener la escalada, aunque hacerlo provocaría un trastorno por las "repercusiones considerables en términos de intercambio y para la movilidad de las personas que cruzan regularmente esta frontera por motivos profesionales o comerciales", dice a LPO Emmanuel Comte, historiador e investigador sénior en el think tank CIDOB de Barcelona.

Lukashenko lleva tiempo aprovechándose de los migrantes que escapan de la guerra y buscan asilo en Europa, y Lituania, Letonia y Polonia son los países que deben gestionar los cruces ilegales

Lukashenko lleva tiempo aprovechándose de los migrantes que escapan de la guerra y buscan asilo en Europa, y Lituania, Letonia y Polonia son los países que deben gestionar los cruces ilegales. Sin embargo, la magnitud de la ofensiva y la imprevisibilidad del mandatario bielorruso preocupan a los miembros de la UE: se trata, por sobre todo, de la seguridad del continente.

"Además de Frontex, que puede ayudar a los países miembros que controlan parte de la frontera exterior de la UE, existe un mecanismo mediante el cual Bruselas puede proporcionar una asistencia sustancial y ad hoc a un país que se enfrenta a la llegada repentina y considerable de migrantes", señala Comte sobre los mecanismos a disposición del bloque. Pero reconoce que "las difíciles relaciones durante las últimas semanas entre el gobierno polaco y las instituciones europeas", que incluso reflotó la idea del "Polexit", resintió la posibilidad de coordinar una respuesta conjunta.

Lituania también ha salido a reforzar su frontera y la primera ministra Ingrida Simonyte apoya las nuevas sanciones contra Minsk, que según fuentes comunitarias se formalizarían el próximo lunes. Al igual que Polonia y los demás países bálticos, los lituanos ven la mano de Rusia tras el accionar de Lukashenko. Vladimir Putin pretende mostrarse como un mediador imparcial, algo difícil de creer para los europeos.

El líder ruso aparece como el hombre capaz de garantizar la provisión de gas a Europa pese a las amenazas de su principal aliado en la zona. Con todo, ambos países están realizando en estos momentos ejercicios militares muy cerca de la frontera polaca y Moscú apenas puede explicar si la aerolínea rusa Aeroflot realmente participa del tráfico de migrantes hacia Bielorrusia.

Hay que reconocer que la fortificación de las fronteras ha permitido una reducción sustancial del flujo de migrantes irregulares. Sin embargo, a largo plazo, no representa una solución completa

Es más, Rusia extendió por 25 años la presencia de sus militares en territorio bielorruso. Lo hizo el mismo día en que comenzaban a llegar los refugiados a los puestos fronterizos polacos. Después de todo, Bielorrusia representa un bastión para Rusia en una región dominada por la UE y la OTAN. Consiente de esta situación, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, se pronunció a favor de financiar un muro en la frontera polaca.

Para el experto en migraciones, "es la política seguida por otros países europeos que controlan una parte de la frontera exterior de la UE expuesta al flujo de migrantes irregulares, como España lo hizo en Ceuta, Grecia en su frontera con Turquía y Bulgaria también". "En cuanto a la viabilidad de esta política, la respuesta es doble. En primer lugar, hay que reconocer que la fortificación de las fronteras ha permitido una reducción sustancial del flujo de migrantes irregulares. Sin embargo, a largo plazo, no representa una solución completa" afirma.

Pero advierte que "esta política de fortalecimiento está llevando a la Unión Europea en una espiral de políticas migratorias restrictivas, sobre las que los europeos deberían preguntarse si es realmente necesario que se atrincheren contra los flujos migratorios del resto del mundo y si la política migratoria restrictiva la única posible". 

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