Coronavirus
Salud vs. educación; o aciertos vs. errores
Por Mario Fiad
Tomar decisiones acertadas, supone tener la capacidad de levantar la vista para hacerse cargo de una realidad que es mucho más que la foto del drama actual,

La salud es un derecho humano fundamental. Esto es indiscutible, como también lo es el entramado de derechos de los que somos titulares los ciudadanos; derechos que no pueden aislarse porque justamente es el equilibrio en la interrelación entre ellos lo que muestra si se respetan o no.

Si nosotros aceptamos que la salud es el estado de máximo bienestar físico, psíquico y social como la define la OMS, entonces las decisiones que se tomen en términos de salud deben estar fundadas en una correcta apreciación de su multidimensionalidad.

Es así, como las falsas dicotomías que el gobierno nacional ha venido planteando para fundar sus decisiones, muchas veces inconsultas según sus propias expresiones, no constituyen una base sólida para darles razonabilidad.

El planteo dado anteriormente de salud o economía o ahora el de salud o educación, debe ser urgentemente sustituido por un dilema que es mucho más profundo y real: decisiones acertadas o desacertadas. 

Porque en realidad, el gobierno no plantea salud o educación, plantea covid o educación, porque hace un llamado a desatender el resto de las problemáticas vinculadas a todas las dimensiones de la salud, aún cuando esta deliberada postergación se traduzca en el futuro cercano en fallecimientos por otras causas, en agravamiento de patologías o en secuelas discapacitantes por la falta de atención oportuna.

Pensar en los trabajadores de la salud, supone mucho más que un bono para aligerar la ofensa y aliviar el desborde de trabajo, el cansancio físico y emocional. Pensar en la salud y en los trabajadores de la salud es trabajar en generar las condiciones estructurales para mejorar su situación, que no debe ser de héroes, porque detrás de esa denominación está el reconocimiento del fracaso a asegurarles los derechos que les asisten en lo que se refiere a condiciones de trabajo.

Tomar decisiones acertadas, supone no solo leer todos los indicadores de la emergencia, sino mirar mas allá teniendo la capacidad de levantar la vista para hacerse cargo de una realidad que es mucho más que la foto del drama actual, porque la trasciende en un futuro, que redundará en los éxitos o fracasos que hoy estemos sembrando.

Y me permito arriesgar que ese futuro no es demasiado auspicioso si no modificamos el rumbo. ¿Y como se hace? En primer lugar, evitando tomar las decisiones de manera inconsulta o a partir de un círculo cerrado política y científicamente, con mínimas disciplinas abarcadas. 

Aquí, desde el inicio y avizorando el futuro inminente que debió haberse anticipado según el contexto global, debió haberse integrado a referentes y expertos de todas las disciplinas posibles porque eso hubiera permitido y permitiría actualmente ir acompañando, fundando y proveyendo de razonabilidad a las decisiones que se iban adoptando.

Integrar la mirada y la escucha atenta de todos los sectores políticos también es una demanda central. Esto implica la promoción de un diálogo sincero y fecundo y no plantear el vínculo en un nuevo dilema "ellos y nosotros". Todos somos nosotros, porque el destino de todos está signado por lo que hoy hacemos o dejamos de hacer en este contexto de pandemia.

En segundo lugar, y otro imperativo de la emergencia y de como la abordamos es comunicar de manera fluida y transparente, en lenguaje claro, con datos abiertos y evitando generar dudas y desconfianzas que desarticulan el compromiso colectivo para el acompañamiento a las decisiones de la gestión.

Superar los triunfalismos que terminan sobredimensionando los avances y multiplicando el estrépito del fracaso cuando por ejemplo, los millones de vacunas no llegan y la precisión de fechas se diluye en ocasionales e intempestivos anuncios el día que una cantidad de dosis de vacunas, está arribando a Ezeiza.

Es imprescindible una comunicación veraz y real y la transparencia en la gestión. Es fundamental que los criterios de priorización para la vacunación atiendan al contexto epidemiológico y a la disponibilidad de vacunas como recomienda la OMS y en ese análisis atender con sensibilidad a los grupos más vulnerables, prescindiendo de categorías que requieren de complejas explicaciones.

Pero además el anhelo de la ciudadanía es que las expresiones del gobierno no sean una competencia por quien tiene la respuesta más ocurrente o irónica, sino que sean expresión de las decisiones que de buena fe y en el ejercicio adecuado de sus responsabilidades adopta en el ámbito de sus competencias en el contexto de una República con el objetivo del bien común.

La realidad nos urge porque el futuro nos demanda que las decisiones de hoy sean acertadas y en ese contexto, las decisiones no pueden ser desatender ninguno de los derechos fundamentales de nuestros ciudadanos, ni la salud, ni la educación, ni el trabajo, ni la libertad. 

Fundamentalmente necesitamos superar las erróneas opciones dilemáticas y articular la mirada, el compromiso y el trabajo, porque hoy no estamos siendo solo víctimas de la pandemia, sino también de la fragmentación social y sobre eso nada se puede construir.

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