Elecciones 2021
Nuestro Juego de la Oca: los 10 casilleros
Por Hernán Madera
Paso a paso la interacción entre clase política, sociedad y plata dulce.

1) El verdadero proyecto: reelección indefinida o sucesión digitada

Como experimentado político, el recién asumido inquilino en la Casa Rosada engendró un profundo y bien disimulado escepticismo sobre las posibilidades de desarrollo del país. Que Argentina pueda seguir los pasos de, por ejemplo, España le parece muy improbable cuando no risueño.

Pero, aunque no fuese así, aunque sea de los de los que, en el otro extremo, fantasea con que el desarrollo está tan cerca como lo está Nordelta, el nuevo Presidente o Presidenta no ve ninguna contradicción entre sus objetivos políticos y los objetivos económicos de la República. Esta seguro de que, si es que hay que quemar algún capital político, en ningún caso será renunciar a la reelección. Es un convencido de que sus aspiraciones personales y las del país van de la mano, que no hay ni habrá inoportunos conflictos de intereses.

 No importa que Argentina sea un país en paz, sin separatismos, con n muy alto ahorro privado fuera del sistema, las tierras más productivas y masivas universidades de primer nivel, y con el partido militar cancelado, el presidente recibió 'cenizas'

Entonces comunica furibundamente que recibió "cenizas". No importa que Argentina sea un país en paz, con las tierras más productivas del globo, con masivas universidades de primer nivel, con una organización territorial fuerte sin separatismos, con un muy alto ahorro privado fuera del sistema y con el partido militar cancelado. "Cenizas", "arcas vacías", "el infierno", "una nación arrasada, devastada" o cualquier otro sinónimo será repetido sin parar con la obvia aspiración de poder tomar duras medidas con pocas ataduras. "La crisis lo demanda".

Desde ese momento, se pone en marcha el operativo reelección indefinida o sucesión digitada (como el invento cordobés De La Sota-Schiaretti). Pero al nuevo habitante de Balcarce 50 no se le escapa que necesita al menos dos o tres años de alto crecimiento con dólar barato -o sea, necesita un período de plata dulce- para lograrlo. Si lo intenta sin plata dulce, como sucedió con el plebiscito de 1990 para reformar la Constitución bonaerense o como durante las Primarias de 2013, fracasará.

2) A la plata dulce se la disfraza de programa económico serio

El deseo de la sociedad argentina de abandonar de una buena vez el estancamiento que arrastra por décadas y la creencia de que los sacrificios hechos fueron más que suficientes (a veces lo son, pero no siempre) hacen que esté muy dispuesta a incorporar el relato ex post sobre la nueva estrategia económica que supuestamente clausura la inestabilidad.

Ya sea "Nueva Argentina", "Argentina potencia", "De la plena especulación a la plena producción", "Argentina primer mundo", "Modelo de acumulación diversificado con inclusión social" o "Supermercado del mundo", la exageración logrará engañar hasta a los observadores más agudos (no sólo a los locales, sino también a los pequeños Tocquevilles que nos analizan desde afuera) porque la recuperación, en un país que nunca se había terminado de hundir, es realmente asombrosa.

Nos encontramos en el momento Ave Fénix en que muchos intelectuales, periodistas y consultores (la mayoría, de alguna forma u otra, bien aceitados) acceden a participar de la construcción retórica que le otorga algo de originalidad a la ya gastada épica refundacional.

3) Escenario A: la plata dulce dura al menos tres años

En caso de que la euforia del rebote económico con dólar regalado se sostenga, habrá reelección y hasta reforma de la Constitución. Pero no olvidemos que el plan es de reelección indefinida o de sucesión digitada, entonces no alcanza con dos mandatos. La ambición de ir por un tercero hará que se intente sostener al dólar barato con un mínimo o directamente ningún ajuste presupuestario.

El problema es que, aún si las exportaciones crecen, nunca son suficientes para sostener el tipo de cambio, por lo que hay otras tres opciones: venta de activos del Estado, endeudamiento o expropiaciones. Las tres serán generosamente utilizadas para sostener la sobrevaluación del peso: así, las clases populares podrán mantener su consumo de bienes durables, las clases medias gastar los ahorros del Banco Central paseando por el hemisferio norte, las clases altas pasarán del barrio privado a la ciudad privada y un puñado de argentinos ricos se sumarán al ranking Forbes.

4) Escenario B: la plata dulce dura demasiado poco

La voracidad de la sociedad argentina por gastar y acumular directa o indirectamente en moneda dura hace que no haya privatizaciones, ni endeudamiento ni expropiaciones que alcancen para llenar el agujero. A veces alcanzan sólo para ganar las elecciones intermedias (1985, 2017), a veces para la reelección o la sucesión digitada (1951, 1995, 2007, 2011), dos veces para llegar al cénit de reformar la Constitución (1949, 1994) pero en otros momentos no alcanza ni para un mes de exitismo y ese Presidente será lanzado de forma unánime al basurero de la historia.

5) Administrar la agonía antes de la derrota

No hay más dólares de ninguna de las cuatro fuentes posibles. Para que la crisis le estalle al próximo, en el último año de gobierno se raspa el fondo de la olla hasta que hace un insoportable ruido. Se defaultea a los organismos multilaterales pero se le sigue pagando puntualmente a la patria contratista (1988) o se remata la joya de la corona (YPF, 1998) o se venden 17.400 millones de dólares a futuro -o sea, se vende lo que no hay- que deberá pagar el próximo Presidente durante sus primeros cien días (2015).

6) Ordenar los negocios y cubrirse de Comodoro Py

Aunque muy pocos logren empardar las estelares carreras político-empresariales de, por ejemplo, José Luis Manzano o del sparring del Grupo Clarín, Alberto Pierri, eso no detiene al grueso de la clase política de intentarlo. Pero después hay que tapar las huellas, tirar los bolsos, legalizar y legitimar lo actuado, tener mayoría en el Jury de Enjuiciamiento; y, si es posible, hacer algún nombramiento en la Corte.

No importa que las reservas netas del Banco Central queden en cero o negativas, el pato rengo nunca debe dejar de hacer sobrevolar la idea que puede volver en el próximo turno, porque en un país tan inestable como el nuestro los que hoy te señalan con el dedo mañana pueden necesitarte como el aire que respiran.

Estos pasos no necesariamente se dan sobre el final del mandato: así es como las ventas de Autopistas del Sol, MacAir y de las acciones de Petrobrás en manos de la Anses se llevaron adelante en los primeros dos años de la gestión PRO. (Una pelea palaciega con Hector Magnetto, de la que todavía sabemos muy poco, estropeó el cuarto objetivo: estatizar la deuda del Correo).

7) Escenario A (1981, 1984, 2001, 2018): le explota al próximo

Sumos sacerdotes de la administración de la agonía, los gobernantes argentinos están en el medallero olímpico de patear problemas y, con la complicidad de una sociedad que está convencida que emigra de a cientos de miles -pero que no lo hace en lo absoluto- y de que no obtiene nada del Estado -aunque hay costosas prebendas en las tres clases sociales-, las dolorosas resoluciones son pospuestas y dejadas al próximo gobierno.

Lamentablemente para un país periférico y de los más inestables del mundo, un cambio de administración, una suba de tasas o una recesión en Estados Unidos llevan al mandamás norteamericano a ordenar al FMI a que ponga en vereda a los malos alumnos que dilapidan los dólares de sus bancos o de sus plomeros, en definitiva, los dólares ajenos. Inmediatamente se cierra la canilla para la Argentina.

8) Escenario B (1975, 1989): explota antes del cambio de gobierno

La pulseada entre los que se van y los que llegan la ganan los segundos simplemente con fomentar corridas bancarias y cambiarias antes de ganar o de asumir. Si les conviene, sindicalistas y/o grandes empresarios darán una destructiva mano.

La pulseada entre los que se van y los que llegan la ganan los segundos simplemente con fomentar corridas bancarias y cambiarias antes de ganar o de asumir. Si les conviene, sindicalistas y/o grandes empresarios darán una destructiva mano

Cada desbarranque económico resucita a los liberal-conservadores que se encuentran en catarsis casi permanente desde junio de 1943 -o incluso desde antes- con un electorado más dispuesto a escuchar sus soluciones rápidas y simplonas. Por un tiempo, todos eligen hacerse los distraídos sobre la obviedad de que si esas propuestas se pusiesen en práctica habrá un enorme ganador -el sector agroexportador- pero que, con ellas, difícilmente el país pueda mantener a los 45 millones de habitantes dentro de sus fronteras (como, por ejemplo, no puede hacerlo el tan alabado modelo uruguayo con su propia población). Una vez que se perciben las primeras señales de rebote, los liberal-conservadores son forzados a volver a la catarsis del panelismo televisivo.

9) Derrota

El control o descontrol del ego presidencial llevan a disimular muy bien, como en 2015, o pésimamente mal, como en 1999, que si no se pudo lograr un tercer mandato ni una sucesión digitada mejor que lleguen los de la vereda de enfrente. El puesto de jefe de la oposición es abismalmente más prometedor y lejano a Ezeiza que el de molesto antecesor del mismo partido. El electorado acompaña y rompe el contrato de mirar para otro lado durante los errores y horrores cometidos en el periodo de plata dulce, que van desde atentados terroristas hasta traspasos al Estado de deudas privadas.

10) Simulacro general de gran aprendizaje

Aún cuando el país se llevará valiosas lecciones de cada crisis, el gran aprendizaje se le vuelve a escapar. Igual que como sucedió en los cincuenta años antes de lograr la unidad nacional o el medio siglo que tomó entender que las Fuerzas Armadas en el gobierno generan catástrofes y cero avances, hay todavía camino por recorrer para llegar a una tercera reflexión central: la plata dulce significa inestabilidad económica maníaco-depresiva y representa un proceso groseramente opuesto al desarrollo.

El reeleccionismo es otra de las claves del problema porque más compleja sea la posibilidad de otro mandato más tirará la casa por ventana el presidente, gobernador o intendente de turno. Y no es sólo un asunto del ámbito político: a cada vez más sindicatos argentinos se los pueden denominar como hereditarios.

Pero como todos quieren creer que esta fue la crisis para terminar con todas las crisis, es que se venden como pan caliente los libros sobre, por ejemplo, un supuesto " atroz encanto de ser argentino" o por qué somos adictos al dólar u obras saturadas de un trillado revisionismo histórico. Y para satisfacción del país esnob, desde el exterior nos reafirman nuestro convencimiento: "Los argentinos parecen haber madurado con el dolor y ya no creen en soluciones mágicas".

Una parte del PBI escondido y ahorrado en colchones, cajas de seguridad, en Montevideo o en Zurich empieza a fluir al país donde, con caos en las calles, la fase más aguda de la crisis hace que todo se venda por una fracción de su valor. Y las tierras más productivas del planeta nos dan, una vez más, la alegría de siempre con los especuladores globales inflando el precio de los granos porque huyen de alguna de las tantas burbujas financieras.

Estamos listos para volver al primer casillero. 

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