Comercio exterior
 La necesidad de reconocer lo esencial
Por Julio González Insfrán
La desatención hacia el personal embarcado -que ese esencial, pero no ha sido considerado como tal en los planes de vacunación contra el COVID- es un síntoma más de la desidia de nuestro país hacia el sector del comercio exterior y la marina mercante en las últimas décadas.

La importancia de las cosas esenciales sólo se advierte cuando faltan. Lo esencial es lo que mantiene, dentro de ciertos límites, la normalidad de nuestra vida, y si en lo que va de esta pandemia no advertimos el carácter esencial del comercio exterior y el transporte naviero de cargas es porque en ningún momento éste ha dejado de funcionar.

Así es como a lo largo de esta pandemia ni las góndolas de los supermercados ni la mesa de los argentinos ni la industria local han corrido riesgo de desabastecimiento, y nuestros productores rurales e industriales han podido continuar con su actividad, preservando el trabajo de los argentinos y proveyendo a nuestro país de las divisas necesarias, entre otras cuestiones, para el desarrollo de las políticas públicas que han permitido hacer frente a esta catástrofe global, que aún continúa y a la que hasta ahora sólo le vemos como solución parcial a un único atenuante: la vacunación.

Los gremios relacionados con el sector marítimo, fluvial, portuario y de la industria naval llevamos años en la tarea de que tanto las autoridades como el público en general entiendan la importancia y la trascendencia de que la Argentina recupere el control de su comercio exterior y vuelva a contar con una flota mercante fluvial y marítima. Muchas de las medidas tomadas recientemente en la órbita del Ministerio de Transporte de la Nación (como la revisión de las licitaciones que por veinticinco años aseguraron el monopolio del mantenimiento de la Hidrovía a un holding extranjero, la decisión de abrir el Canal Magdalena para comunicar la Hidrovía con el Mar Argentino, o la reserva de carga establecida para buques de bandera argentina en el río Paraná) nos hacen pensar que por fin hemos sido escuchados, y que el ciclo de desidia de los gobiernos argentinos hacia su sector marítimo y fluvial privilegiando intereses de las multinacionales podría estar, en buena hora, llegando a su fin.

Pero son señales, apenas piedras en un camino que, si se emprende en serio, ha de ser muy largo y requiere remover cada uno de los elementos que han contribuido a esa situación de olvido y de desinterés, y reemplazarlos por otros nuevos. Por nuevas formas de actuar y de ocuparse de los problemas que den cuenta de la importancia que éstos tienen.

El transporte fluvial y marítimo incluye una gran cantidad de actividades esenciales para su funcionamiento según los estándares internacionales: el dragado, balizamiento y señalización de las vías navegables, los remolcadores de puerto presentes en cada operación de amarre, la tarea de los prácticos, conocedores de las zonas de navegación, los operarios de carga y descarga, además de los capitanes, oficiales y marinos que componen cada tripulación. Cada puesto es imprescindible para el desarrollo normal de la actividad.

Si desde el comienzo de esta pandemia ha estado claro el carácter esencial del transporte naviero de cargas, como parte fundamental de la economía que podía dejar de funcionar, ¿cómo es que este carácter "esencial" de los trabajadores del sector no es tenido en cuenta a la hora de incluirlos en los programas de vacunación contra el SARS-CoV-2?

Los gremios hemos venido haciendo enormes esfuerzos desde el primer día de esta pandemia para garantizar las condiciones de seguridad a bordo, elaborando protocolos que han sido considerados como modelo y han ayudado en gran medida a frenar las posibilidades de contagio, pese a lo cual es imposible reducir su incidencia a cero. Hoy, ante el vertiginoso crecimiento de esta llamada segunda ola, nos vemos obligados a exigir que se incluya al personal embarcado en el programa de vacunación.

Es imprescindible reconocer el enorme esfuerzo que el Gobierno nacional está realizando para la gestión y el control de esta pandemia, que irrumpió apenas iniciado el actual mandato impidiéndole prácticamente llevar adelante una política autónoma, en un contexto que ya era de una crisis sin precedentes. En este esfuerzo se enfrenta, incluso, a situaciones paradójicas, porque la capacidad de atención se ve reducida cuando por la propia crisis económica muchos centros de salud han debido cerrar sus puertas y hay menos capacidad para atender a los pacientes.

Por eso, ¿qué pasará con esa actividad esencial que es nuestro comercio exterior si los prácticos o los patrones de lanchas remolcadoras de puerto, quienes están en permanente contacto con tripulaciones de todas partes del país y del mundo por razón de su trabajo, requieran la atención urgente de un sistema de salud colapsado?

Las profesiones relacionadas con el sector requieren un alto nivel de formación y de capacitación, desde las primeras instancias en instituciones como la Escuela Nacional Fluvial, la Escuela Nacional de Pesca o la histórica Escuela Nacional de Náutica, fundada hace más de 200 años por Manuel Belgrano, quien ya desde entonces tenía clara la importancia estratégica del comercio exterior y el transporte naviero. Los sindicatos hemos realizado fuertes inversiones para construir modernos centros de capacitación para la formación continua y la certificación de los profesionales locales bajo los más exigentes estándares internacionales.

Esta creciente formación y profesionalización es la que garantiza la seguridad en la operación de las cargas en la navegación de cabotaje y en el comercio exterior, pero en este contexto es preciso que el Estado garantice la seguridad de quienes nos brindan esa seguridad, incluyéndolos en el programa de vacunación contra COVID-19. En un país que ha dejado de darle la espalda al sector, entendemos que una medida así debería ser lo natural.

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