Editorial
Las razones económicas detrás de las decisiones sanitarias
Por Guido Lapa
El gobierno atraviesa sus horas más difíciles entre los padecimientos de la economía y la situación sanitaria en su peor momento.

 La disyuntiva que se generó durante buena parte del año pasado entre salud y economía resulta hoy menos forzada. El gobierno atraviesa en estos momentos sus horas más difíciles cuando el abanico de padecimientos que sufre la economía argentina se extiende cada vez más y la situación sanitaria está en su peor momento desde la llegada del virus.

La necesidad de frenar la circulación del COVID choca con los compromisos asumidos con sectores empresarios que, como la UIA, han convencido al gobierno de que los contagios no ocurren en los lugares de trabajo.

Sin embargo, alcanza con observar cómo se viaja en el transporte público en hora pico para notar que la "nueva normalidad" tiene las horas contadas si se quiere evitar un desastre. A pesar de que las camas de terapia intensiva empiezan a agotarse y el sistema sanitario se encuentra al borde del colapso el gobierno es reticente a anunciar un nuevo confinamiento: ¿En qué se basa para continuar con esta política? ¿Cuáles son los condicionamientos que lo alejan del cuidado de la población? ¿Está pensando en la salud o en la economía?

 Alcanza con observar cómo se viaja en el transporte público en hora pico para notar que la "nueva normalidad" tiene las horas contadas si se quiere evitar un desastre

Argentina fue uno de los tres países latinoamericanos cuya economía más se retrajo en 2020, solamente superado por Venezuela y Perú. El gobierno necesita, sobretodo en un año electoral, mostrar un rebote en el nivel de actividad que no crece desde hace tres años. Es una demanda popular por un lado, y una exigencia de los acreedores por el otro.

Es que este año vencen cuotas de la deuda con el Club de París y el Fondo Monetario por nada menos que 7251 millones de dólares, más que las reservas netas del BCRA. El gobierno ha puesto Martín Guzmán a demostrar por qué ocupa el cargo, a desplegar su perfil más market friendly y a explotar sus buenas relaciones con el Fondo y ahora también con la secretaría del tesoro norteamericano.

Está claro que una cuarentena como la que probablemente amerita el crecimiento de la curva no contribuye a profundizar el incipiente rebote que algunos datos sugieren tímidamente, pero los temores a nuevas medidas sanitarias no pasan solo por el crecimiento del PBI, sino por la fragilidad de otras variables económicas que, como se diría en el barrio, parecen estar atadas con alambre.

La principal, en una economía que la vicepresidenta describió como bimonetaria, es el precio del dólar. La paz cambiaria que se presenta como uno de los principales logros económicos en un año con poco de lo que presumir está condicionada por la capacidad del Tesoro de financiarse sin emisión. La venta de bonos contra dólar bolsa con la que Guzmán dejó boquiabierto a más de un desprevenido se complementa con un ajuste monetario a gran escala que le permitió al gobierno no demandar ni un peso del BCRA en los primeros dos meses del año y reducir fuertemente el comportamiento del pasado.

 La paz cambiaria que se presenta como uno de los principales logros económicos en un año con poco de lo que presumir está condicionada por la capacidad del Tesoro de financiarse sin emisión

El fondo se vale de la negociación en curso para aplazar la deuda y condiciona las decisiones que toma la cartera económica, pero que impactan en la estrategia general de gobierno. La deuda argentina es el 63% de su cartera de préstamos lo cual coloca a nuestro país en un lugar, cuanto menos, especial. Sus técnicos auditan de manera permanente la economía nacional y señalan algunos de los desequilibrios macroeconómicos que deben corregirse, especialmente la inflación y el déficit.

De ahí, en parte, la resistencia a más medidas sanitarias. Una mayor restricción en la circulación debería ser acompañada con distintos programas económicos que garanticen el cumplimiento de la cuarentena y que eviten un colapso social que se viene gestando desde antes de la sopa de murciélago. La reedición del IFE o el ATP no está contemplada en el presupuesto 2021 y Alberto Fernández busca evitarlas a toda costa.

Los gastos en uno u otro programa se financiarían seguramente con emisión, cuando la inflación es uno de los temas más acuciantes. Con un 13% acumulado en los primeros tres meses y una inflación interanual del 42,6% preocupa la posibilidad de que la ralentización prometida no llegue o sea menor a la esperada y haya que convivir con estos índices que erosionan el salario y condenan a cada vez más personas a la pobreza.

El otro gran temor es el impacto que generarían las medidas de asistencia en materia fiscal, pero acá el gobierno puede mostrar que el déficit fiscal financiero (el primario más los pagos de deuda) fue en el primer trimestre el menor en seis años. Puede aducir que viene haciendo el trabajo sucio de reducir gastos y que la devaluación del peso colaboró a licuar otros, que el precio de la soja aumentó significativamente y que no parece que vaya a retraerse en lo inmediato.

 Una mayor restricción en la circulación debería ser acompañada con distintos programas económicos que garanticen el cumplimiento de la cuarentena y que eviten un colapso social. La reedición del IFE o el ATP no está contemplada en el presupuesto 2021 y Alberto Fernández busca evitarlas a toda costa

No se trata tampoco de imitar lo realizado el año pasado, cuando todas las variables económicas y sociales se deterioraron notablemente. Argentina se sumó a la pandemia en medio de las negociaciones por la deuda, con pocas reservas en el banco central y en medio de una recesión que, entre otras cosas, disminuyó el 20% del salario real en cuatro años. Más allá del contexto -o justamente a partir de él- es que resulta tan claro que la asistencia del gobierno fue, cuanto menos, tibia.

El IFE había sido la "gran apuesta" para intentar contener una catástrofe social anunciada. Significó $ 269.630 millones de pesos, cerca de medio punto del PBI. Lo cobraron 9 millones de personas, más que las estimaciones iniciales, lo cual habla del verdadero nivel de trabajo no registrado y desempleo que existe en nuestro país. A fin de cuentas, cada beneficiario del IFE recibió el equivalente a $5.000 por mes, durante seis meses.

La pobreza ha crecido nada menos que hasta el 42%, con más de la mitad del conurbano bonaerense bajo esta línea y con seis de cada diez menores a nivel nacional cuya familia no alcanza la canasta básica total. La prohibición de despidos que buscaba frenar el aluvión que se preveía nunca fue tomada seriamente, tal como lo demuestra el 18% de puestos de trabajo menos en el sector informal que informó el INDEC.

La situación dista mucho de ser sencilla y nos enfrentamos al clásico problema de la sabana corta, donde si cubrimos una parte destapamos la otra. Una cuarentena mayor golpearía una economía que no tiene margen y que arrastra desequilibrios enormes, aumentaría el déficit y sumaría presión al tipo de cambio con su traslado a los precios. Tomar otro camino, evitando más restricciones para conformar los actores mencionados es un escenario que prefiero ni imaginar. 

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orejón