Relaciones internacionales
Tus enemigos serán mis amigos
Por Raymundo Riva Palacio
López Obrador está provocando con gran frecuencia a Biden. Su rechazo al Partido Demócrata y su acercamiento con Rusia y China.

Un año después de terminar su periodo como embajador de Estados Unidos en México, Jeffrey Davidow escribió un libro donde describió con una fábula la relación entre los dos países. Lo tituló "El Oso y el Puercoespín" (Grijalbo 2004), en donde identifica a Estados Unidos con el oso, y a México con el puercoespín. Davidow juega con la imagen del oso, que por su tamaño actúa a veces con torpeza sin fijarse en quien tiene alrededor, pero cuidando de no pisar a su vecino el puercoespín, que tiene espinas para, llegado el caso, defenderse.

Esta es la dialéctica de una relación difícil y compleja entre las dos naciones, que ha tenido momentos cimeros y miserables, pero que no había experimentado una coyuntura como la actual, donde a decir de un político republicano estadounidense, el puercoespín está picando demasiado al oso, por lo que un golpe en respuesta no hay que descartarlo.

Es cierto. El presidente Andrés Manuel López Obrador está provocando con gran frecuencia al presidente Joe Biden, acusando a su gobierno de intervencionismo y llamándolo repetidamente "golpista". La mentalidad de López Obrador está anclada en los '70s, obsesionado por la posibilidad que haya un golpe de Estado en su contra promovido por el gobierno de Estados Unidos, como sucedió en Chile, donde los militares derrocaron al presidente Salvador Allende en 1973, con el apoyo de los demócratas y del complejo militar-industrial.

Esas categorías de análisis son obsoletas. No excluye a los Estados Unidos de tener una visión hegemónica en función de sus intereses, pero la manera como entiende López Obrador esa relación es equivocada, desde su origen. El golpe contra Allende no lo hicieron los demócratas, sino los republicanos en el gobierno de Richard Nixon. El concepto del complejo militar-industrial lo formuló otro republicano, el presidente Dwigth D. Eisenhower en 1961, pero fue desgastándose con la globalización, donde el Pentágono fue perdiendo la supremacía que tuvo durante la Guerra Fría, ajustándose al nuevo orden encabezado por el sector privado, que entró al campo de la defensa cuando Google compró en 2013 Boston Dynamics, quitándole a los militares el dominio sobre la tecnología y la robótica.

La mentalidad de AMLO está anclada en los '70s, obsesionado por la posibilidad que haya un golpe de Estado en su contra promovido por Estados Unidos, como sucedió en Chile, donde los militares derrocaron a Salvador Allende en 1973, con el apoyo de los demócratas y del complejo militar-industrial.

López Obrador no ve estos cambios sustanciales por sus prejuicios, por su falta de información y, sobre todo, por la incomprensión del funcionamiento actual del mundo. La fobia que tiene contra los demócratas no la tiene contra los republicanos, como fue notable tras la victoria de Biden en las elecciones del año pasado, cuando López Obrador se negó a felicitarlo, como lo hicieron más de 180 líderes en el mundo; y siguió apoyando a Trump hasta después de dejar la Casa Blanca.

No le gustan los demócratas, por lo que rebajó el nivel de la Embajada de México en Washington, con un representante sin experiencia y sin acceso directo a él. Con la llegada a Biden a la Casa Blanca, modificó su estrategia con Estados Unidos y radicalizó su posición, razón central que llevó a la embajadora Martha Bárcena, tía política del presidente y miembro del Servicio Exterior Mexicano por cuatro décadas, a jubilarse prematuramente ante la imposibilidad de que pudiera explicar o justificar las acciones de López Obrador en Washington.

Al tiempo de ir alejándose del nuevo gobierno de Estados Unidos, López Obrador se fue acercando a los adversarios naturales e históricos de aquella nación, Rusia y China.

Las dos naciones fueron rápidas en acudir al llamado de México urgido de vacunas contra la covid, que convirtieron la distribución en una estrategia de diplomacia y poder suave para ampliar y potenciar su presencia en América Latina ante los vacíos dejados por Estados Unidos. Las dosis chinas y rusas, aunque en ocasiones topan con retrasos por producción, no han dejado de llegar a México, ayudando a López Obrador a mantener sus niveles de vacunación y acelerar la inmunización para regresar a clases y abrir plenamente la economía.

A Biden le pidió casi tres millones de vacunas, que le dio, pero no habló como hizo con Putin para agradecerle. En el caso del presidente ruso, López Obrador fue más allá, al invitarlo a viajar a México y ser su huésped de honor el 27 de septiembre próximo, cuando se celebren los 200 años de la entrada del Ejército Trigarante de Agustín de Iturbide a la Ciudad de México, que consumó la independencia y el nacimiento de una nación, donde habrá un espectacular desfile militar.

AMLO se acercó a los adversarios históricos de Estados Unidos: Rusia y China. Las dos naciones fueron rápidas en acudir al llamado de México urgido de vacunas contra la Covid, que convirtieron en una estrategia de diplomacia y poder suave para ampliar y potenciar su presencia en América Latina.

Las deferencias que López Obrador ha tenido con Putin no las ha tenido con Biden, quien también está en desventaja con el trato que le ha dado a China y a su presidente Xi Jinping. Uno de esos momentos se dio a mediados de mayo, cuando el presidente mexicano ofreció disculpas a China por la masacre de 300 de sus ciudadanos en Torreón, en el norte del país, que fueron asesinados como resultado del racismo y la xenofobia mexicana. La disculpa incluyó el regaló de un enorme árbol de la vida, una hermosa artesanía de barro llena de imágenes religiosas, que incluyó en el regalo a China, un dragón chino y una águila azteca fundidas en un abrazo.

López Obrador es un político de símbolos y de mensajes subliminales. Pero en el caso de su acercamiento con Rusia y China, ha sido explícito, tanto como su desdén por Biden y los demócratas. Piensa que Biden no se va a meter con él, mediante presiones o declaraciones que arrinconen al presidente mexicano, porque -como confía a sus cercanos- "sabe lo fuerte que está" a partir de los altos niveles de aprobación que tiene. En su esquema mental, no tiene apenas un 30% de apoyo, como tenía Allende en el momento de su muerte, sino más del 60%, lo que le da un blindaje ante Biden.

Lo que López Obrador no entiende es lo que escribía Davidow, donde el oso y el puercoespín cohabitaban sin hacerse daño mutuo. Hoy, son crecientes las veces que el presidente mexicano espina a Biden, creyendo que no habrá respuesta; y sin tomar en cuenta que la relación estrecha que está construyendo con Rusia y China, los principales adversarios de Estados Unidos, no tendrá futuro mientras dependa la economía mexicana, el país y su propio gobierno, en más de 80% del aparato productivo estadounidense. 

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